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05 de diciembre de 2011

Proyecto “Cero-Veinte”

Educación inicial y formación de la identidad

del estudiante universitario


Luis Porter
LAISUM. - México.

La red internacional de investigación “Cero-Veinte” es un grupo en expansión que ya reúne a investigadores de universidades de Argentina, Brasil y México. Es una red en pleno desarrollo a la que se sumarán investigadores y más instituciones y, por lo tanto, países. La red suma diversos proyectos y sub-proyectos que convergen en uno amplio y abarcador que es el que trataremos de resumir. “Cero-Veinte” pretende ser una respuesta a la situación de crisis y agotamiento que vive la educación actual en México mostrando una nueva dimensión en el quehacer educativo. La investigadora brasileña María Cándida Moraes (Universidad Católica de Brasilia), en el artículo “Contribuciones” del reciente libro de Edgar Morin “Para un pensamiento del Sur” publicado en Río de Janeiro este mismo año, lo cita en su señalamiento de que "cuando un sistema no es capaz de tratar sus problemas vitales y fundamentales, se desintegra, o es capaz de metamorfosearse, de engendrar un meta sistema más rico que pueda tratar dichos problemas".

El comentario de Moraes, muy bien puede aplicarse al caso mexicano: “Entendemos que la crisis de obsolescencia de la educación brasileña requiere de la búsqueda inmediata de nuevos caminos, de un nuevo meta sistema, más rico y competente para tratar los problemas más permanentes, en una crisis pautada en la baja calidad de la educación que se ofrece, la falta de profesionalización docente, asociada a una total desmotivación por parte de alumnos y profesores, al desinterés y no-compromiso del alumnado con la educación recibida, la falta de seguridad y la  violencia en las escuelas, los problema de orden emocional, influenciado también por las cuestiones de naturaleza económica y social.”

Al caso México debemos añadir las particulares circunstancias críticas provocadas por la violencia del crimen organizado y desorganizado, el agotamiento de la confianza en la clase política y la exacerbación de rasgos culturales como el autoritarismo y la arbitrariedad, resultado de decenas de años de impunidad e irresponsabilidad social. Sorprende que no surjan de nuestros intelectuales de la educación, más iniciativas que se aparten del falso discurso en boga (competencias, calidad, excelencia, evaluación y demás) buscando maneras nuevas de resignificar el paradigma educacional vigente, a partir de un nuevo meta sistema más rico en intención, en sentido y contenido. Urgen en nuestro medio proyectos radicales, atrevidos, creativos, esperanzadores tan necesarios para tratar una problemática que nos sumerge en el escepticismo y muchas veces en el cinismo.

Crisis educativa y violencia en la escuela

En este marco se explica el proyecto “Cero-Veinte” que no se detiene en el individuo o en la institución, sino que abarca a ambos, asumiendo que la crisis actual es paradigmática, y que toca, como señala Moraes, aspectos ontológicos, epistemológicos y metodológicos del quehacer educativo. Las respuestas no pueden llegar por el sendero de la repetición de slogans, el sometimiento a políticas que han probado ser tan arbitrarias como inútiles, defendiendo las prácticas formalistas de siempre, burocratizando, fragmentando la realidad, las dimensiones del ser, del conocer, del hacer. Es obvio que se requiere el desarrollo integral del alumno y el desarrollo integral de la universidad, buscando el acoplamiento estructural de ambos. Se requiere asimismo “abandonar esa práctica educacional arrogante y prepotente, de naturaleza positivista, que ignora la subjetividad humana, las emergencias cognitivo-emocionales y auto-eco-organizadoras que ocurren en el salón, que continúa culpando a los niños y adolescentes de no asumir sus propias dificultades e incompetencias” (Moraes, 2011).

Dos líneas de investigación concurrieron en este nuevo proyecto: el estudio del futuro de la juventud universitaria, provocado por el alto índice de deserción y la baja eficiencia terminal, y el estudio del futuro de la universidad pública ante el hecho de su inminente desaparición como institución pública. Esos trabajos nos permitieron conocer mejor al estudiante así como las posibilidades futuras potenciales de la universidad pública. Este conocimiento, a su vez, nos permitió dedicarnos a reflexionar sobre nuevas formas de concebir y actuar sobre el presente de la educación superior, a la luz de posibles futuros. Contribuyó a una nueva forma de ver la historia y su potencial futuro, la inclusión en la metodología de los primeros años de vida del estudiante. Puede sorprender que en el marco macro de un cambio de paradigma, la educación temprana pueda jugar un papel tan importante. Juan Carlos Tedesco dijo que nunca llegaríamos a conocer al joven universitario, si no incluimos en nuestra investigación sus primeros seis años de vida, es decir, desde su gestación y nacimiento hasta la entrada a la escuela. Eduardo Ibarra Colado, por su parte, hizo lo mismo con la universidad pública; nos ayudó, en el proyecto Universidad 2030, a verla como un todo integrado, como una historia que la he llevado a la inminente entrada a una nueva dimensión. El pensamiento complejo de Morin, y la conciencia post-disciplinaria que forman parte de la visión que venimos discutiendo junto con Daniel Cazés, desde el año 2000 en el proyecto sobre la educación superior, son constantes que hoy se corporizan en dos proyectos: “Cero-Veinte” pensando en el estudiante y su maestro; y “La Universidad Imaginada” pensando en la institución ideal que queremos construir.

Educación inicial y formación de la identidad

Como específicamente lo señala Viktor E. Frankl (1946), el estudiante que entra a la universidad está en la mejor circunstancia para cuestionarse sobre el sentido de la vida, formularse las grandes interrogantes humanas: ¿para qué estoy aquí?, ¿cómo enfrentaré el desafío de llegar a ser un profesional y qué estrategias me fortalecerán? Estas preguntas las formula en el contexto de una universidad en crisis, empujada por y hacia valores utilitaristas, pragmáticos, materialistas y eficientistas, por medio de políticas intrusivas y coercitivas. Frente a una realidad donde impera la racionalidad técnica, el estudiante requiere desarrollar su sensibilidad y afirmarse en una manera de verse a sí mismo, que lo muestre como un creador, un innovador, en suma, como una persona que tiene capacidad de proyecto, de futuro. El alumno situado en una universidad fragmentada, aislada, organizada en jaulas epistemológicas, no cambiará sino repensamos el espacio que es escenario de sus encuentros. Generar nuevos conceptos educativos, se aleja de datos duros y de proyecciones, porque es una cuestión de imaginación y de lenguaje. Creemos que esta capacidad requiere tanto de la renovación de la identidad universitaria como del fortalecimiento de la identidad del ser humano que la habita. Buscamos ampliar, trastocar, enriquecer, replantear y afianzar la visión que tenemos de la universidad y de nosotros mismos como trabajadores dedicados a educar.

Se trata entonces de una labor en dos dimensiones, la de la institución y la de su habitante, no importa su papel o su edad, sino su necesidad de pero que se conozca a sí mismo, para “darse cuenta de quién es y poder visualizar quién podría llegar a ser”. La profundidad de la aportación de cada miembro de la red “Cero-Veinte” depende de su apertura personal que puede variar desde un nivel de detalle, hasta uno más amplio, íntimo o profundo. Cada participante llega a la red con su propia experiencia, para compartirla, y se agrega como lo hacemos en una danza en círculo, separando y uniendo sus manos, sintiendo el ritmo, escuchando la música, entendiendo su papel en el ritual corporal al que se incorpora. De la suma de nuestros cuerpos (y no solamente de nuestras mentes), surgirán los resultados que discutiremos y conoceremos en encuentros cuerpo a cuerpo, en publicaciones, documentos, videos, puestas en escena, canciones, dibujos, poesías, etc.

El proyecto “Cero-Veinte” en el contexto de “Xochimilco imaginado”

Combatimos el pesimismo que se deriva de las intervenciones colonizadoras de reproducir modelos concebidos en las agencias internacionales, con el optimismo que produce pensar en una realidad distinta y mejor. Nos anclamos en las voces vivas de nuestras culturas ancestrales, y oponemos las verdades niñas de nuestras comunidades dispersas a la verdad vieja y totalitaria propia de la razón occidental. Desatamos la universidad del futuro de las ataduras tendenciales de la universidad que hoy tenemos, atreviéndonos a soñar en lo aparentemente imposible, que forma parte de nuestros ideales humanos y sociales más profundos. No demolemos lo que tenemos, porque es una plataforma que nos permite reconstruir todo lo que surja de nuestra imaginación.

Por eso convocamos a soñadores, a aquellos que ejercen la pedagogía del diálogo que conduce al aprendamos juntos como acto y proceso fundamental de convivencia social. Llamamos “imaginado” a un estudiante que se reafirma en su identidad, gracias a que reconstruye su vida, se asoma a su niñez, para conversar con los que son sus raíces. De la misma manera que instamos al estudiante a hablar consigo mismo, creemos en una universidad que conversa y actúa para vivir. Se trata de imaginar estados futuros, no como proyecciones del presente, sino como consecuencia del pasado. Nuevos modos de existencia en esa institución en donde nos dedicamos nada menos que a reinventar nuestro propio ser. Estamos iniciando un camino y no nos interesa llegar a algo pronto, nos conformamos con rescatar ideas posibles, que nos ayuden a revolucionar nuestros propios micro-mundos y a contagiarnos en el ejercicio de modificar en nuestra mente el espacio local que nos permita al llegar a la universidad, sentirla más amplia, más colorida, más emocionante y libre de lo que es, porque así nos sentimos nosotros con nosotros mismos.

Cada integrante de la red “Cero-Veinte” aprovecha el proyecto mayor titulado “La universidad imaginada”, para salirse mentalmente de su institución, y volver a entrar en ella con los nuevos ojos del que transitó en libertad por otras sendas. El ejercicio lo hacemos con nuestros estudiantes en nuestra institución. En el caso de la Universidad Xochimilco (mi sede de trabajo) partimos de hacer nuestro lo que debió haber sido un patrimonio legado por las autoridades en el momento de su fundación: el ámbito rural del que formamos parte. Al hacerlo, al integrar a la UAM-X el área de los parques adyacentes, el mercado de flores, el canal Cuemanco, sus embarcaderos, los lagos, caminos de agua, y sus ancestrales chinampas, damos sitio a una nueva concepción espacial universitaria. El espacio físico arquitectónico se transforma con el uso de las nuevas tecnologías informático-comunicacionales, lo que anula la idea de aula, o de cubículo y da lugar al concepto de red, de especialización múltiple. Sin aulas cerradas el espacio educativo se conforma de puntos de encuentro que funcionan como alternativa al espacio fracturado, compartimentalizado.

Reimaginando la UAM-Xochimilco

Se trata de una apertura que provoca una educación que decide salir de su jaula epistemológica, escapando por las puertas y las ventanas dialogales, derribando esos muros que han otorgado a la universidad la errada identidad de ámbito cerrado, aislado, torre de marfil resguardada por los cancerberos del saber. Para darle vida, restituimos las conversaciones, los lenguajeos, como modo compartido de reflexión. Nos reapropiarnos del arte, no solo como creación de aquellos que reconocemos como artistas, sino como una capacidad que deviene de nuestro auto-descubrimiento como sujetos capaces de crear nuevos arte/factos, nuevas obras de arte, nuevas artesanías, que a en el desmonte y de-construcción de la universidad presente va dando lugar a lo que nos reubica como profesores y estudiantes. Una universidad que no se detiene en sus edificios, que forma parte de la ciudad y del campo, donde no se ofrecen carreras porque la oferta no es por profesiones sino por proyectos y capacidades (competencias como saberes). Al no existir las aulas (esas donde el profesor se encierra y nadie sabe a ciencia cierta lo que hace), los espacios de reunión se abren en forma interdisciplinaria totalizadora, abarcante, integrada. Las tecnologías de la comunicación se completan con el “cara a cara”, que en realidad es un cuerpo a cuerpo, necesario para darle presencia corporal a lo virtual y etéreo. No hay transmisión de conocimiento sino articulación y organización de visiones y prioridades de aquellos que más nos necesitan, a los que respondemos como hacedores y ejercitantes del saber. Esto implica saber reconocer otras posibilidades, saber ceder e intercambiar, lo que lleva a saber dialogar, comunicarse y acordar.

A diferencia de una investigación tradicional, el “Cero-Veinte en la universidad imaginada” no trata de llegar a conclusiones, sino que busca multiplicar los puntos de partida. Es un proyecto múltiple que transita por reiterativas vueltas en U, bifurcaciones en Y, meneos en Z, en la búsqueda de otros senderos que provean de nuevas facetas de la universidad imaginada, en un tipo de ejercicio, cuyos resultados son siempre parciales, como las instantáneas de un proceso. Al no haber un producto final único, hay muchas ideas, puntos, planteamientos, experimentos… resultado de no pretender un arribo definitivo a la “verdad”. Apostamos, en su lugar, a la colaboración educativa-social a través del diálogo y la conversación, una invitación a aprender juntos, a reflexionar y debatir, a invitar al estudiante a escribir mientras lee, a dibujar mientras piensa, a deambular por nuestra universidad, (en mi caso, Xochimilco), imaginándola diferente, florida, con agua, color, vida, lo que equivale a una realidad mucho, pero mucho mejor.

Chinampas y trajineras... proyectos en diálogos

La metáfora simbólica de esta conjunción de proyectos es el conjunto de chinampas que conforman Xochimilco, donde la trajinera es el vehículo que nos convoca, comunica y traslada. No separamos lo que es inseparable, no dividimos ni fragmentamos el saber. Un proyecto colectivo que vivifica nuestras emociones y motivaciones, densifica nuestros deseos y afectos, amplía nuestras expectativas de vida. Asumimos la transdisciplinareidad de los problemas que abordamos, ubicados en la era de la post-disciplina, que espera soluciones equivalentes y compatibles con la complejidad de su naturaleza. Buscamos trabajar con un pensamiento más elaborado, más profundo, que utilice nuevas formas para abordar y conocer la realidad.  Nos dejamos iluminar y deslumbrar por el avance de las neurociencias, que nos llevan hacia los caminos de los nuevos descubrimientos y buscamos comprender sus implicaciones en la educación, entendiendo que los procesos educativos y vitales son un solo proceso, que forman parte de un mismo todo, que podemos resumir como las relaciones entre cuerpo y arte.

Chinampas y trajineras...

Zonas de convergencias y de coincidencia, donde el nivel de realidad penetra en el de la ensoñación, en una dimensión trans-subjetiva donde las formas de representación del lenguaje muestran áreas de transparencia y opacidad, claroscuros que dibujan las múltiples historias con que contamos al mundo, entrelazadas, entretejidas, urdidas, enredadas, en el telar que va entramando sus hilos, mientras desvanece mágicamente sus costuras. Así es este encuentro de proyectos, esta convergencia de ideas, cruce de iniciativas, suma de impulsos, como un mantel que cubre nuestra mesa de trabajo, donde posamos las copas del vino que se ha ido añejando a lo largo de la sinuosa e intermitente línea que va desde la puerta de la vida hasta la puerta de la universidad.

En este tejido, lo estático da lugar a la movilidad, para poder ver desde el movimiento aquello que parecía dado, explicado, dicho, pero que ya no está más allí, porque fue transformado en otra cosa. El encuentro de proyectos llega balanceándose de un lado al otro, de abajo hacia la cima, yendo del cuerpo al arte y del arte al cuerpo, en la continuidad y discontinuidad de los variados e intensos diálogos que generan. Las palabras surgen desde esos entre lugares que existen entre nuestras manos y entre nuestros dedos, que toman cuerpo e identidad en el origen geográfico y cultural de sus autores, que desde sus particulares ópticas (del gran angular al vertiginoso zoom), brindan formas variadas de abordar y navegar por las aguas aparentemente quietas del conocimiento. Educadores, artistas, clowns, profesores de educación física, filósofos, diseñadores, arquitectos, terapeutas, médicos, científicos sociales, músicos, actores, bailarines, estudiantes que investigan, recién-graduados que se inician en la vida profesional, todos ellos y otros que vienen llegando, discuten y presentan sus quehaceres cotidianos, convertidos en temas y sub-temas de estudio sobre la trayectoria de la vida humana, vista desde el arte y el cuerpo donde interactúan los campos de la educación estética, del lenguaje, de la filosofía, de la psicología, siempre interactuando con la educación.

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Nombre: Lia Chacon Fecha: 2011-12-08
Comentario: Me da mucho gusto leer los detalles de este proyecto y sus nuevas ampliaciones y alcances. Es una idea que se ha venido forjando desde hace tres años y ha tomado cuerpo y forma en los últimos meses. Me ha tocado colaborar desde sus inicios, con los aspectos relacionados con la Educación Inicial. Una aportación que deseo subrayar es la importancia que ya se le está dando a la educación inicial dentro de las políticas educativas. Una visión interesante en este proyecto es la holística o totalizadora, inspirada también en la teoría de la complejidad de Morin. Ya no vemos al joven universitario desligado y aparte de su vida anterior. Hoy entendemos, o así queremos hacerlo, que los primeros años de la vida son cruciales y determinantes en el futuro de la persona. Es de gran importancia que desde muchos ángulos diferentes de a investigación educativa, veamos la trayectoria del estudiante en la más amplia perspectiva. Felicito al proyecto, a Laisum por publicarlo y me congratulo de formar parte del mismo. Lía.

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